Eclipse solar 2025
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Eclipses 2025, bajo la sombra de la Luna

Bernardo Fuertes. Fotos: NASA

Presenciar un eclipse solar es mucho más que una cuestión de astronomía; es una experiencia sensorial y casi mística.

En los próximos años, el calendario astronómico nos tiene reservados varios eclipses que marcarán momentos inolvidables para quienes los presencien. En septiembre de este mismo año, Nueva Zelanda será testigo de otro eclipse parcial, proyectando sombras en el Pacífico Sur.

Pero el gran espectáculo llegará en agosto de 2026, cuando un eclipse total cruce el cielo de Groenlandia, Islandia y parte del norte de España. Será un evento único para quienes quieran vivir la experiencia en Europa, el eclipse total podrá observarse en regiones privilegiadas de la península ibérica.

No todos los eclipses son iguales. A veces, la Luna cubre por completo al Sol, regalándonos la majestuosidad de un eclipse total, donde solo la corona solar permanece visible, como un halo etéreo de fuego en el cielo. Otras veces, su tamaño aparente no es suficiente para bloquear toda la luz y deja un resplandeciente anillo dorado, dando lugar a un eclipse anular. En muchas ocasiones, la alineación es parcial y el Sol aparece como una esfera mordida por la sombra lunar.

Presenciar un eclipse solar no es solo una cuestión de astronomía; es una experiencia sensorial y casi mística. Para muchos viajeros, estos eventos se han convertido en una razón de peso para emprender expediciones a destinos remotos, buscando el mejor lugar en el mundo para adentrarse en la sombra y observar cómo, por unos instantes, el tiempo parece detenerse.

Eclipse solar
Foto: NASA
Existen pruebas de la fascinación por el eclipse desde hace más de 5.000 años.

La humanidad ha mirado al cielo con reverencia desde tiempos inmemoriales, buscando en las estrellas respuestas a sus miedos y preguntas más profundas. Pero pocas veces el cosmos responde de una manera tan sobrecogedora como lo hace durante un eclipse solar. Cuando el día se oscurece, cuando el aire se enfría y la naturaleza enmudece, los eclipses han sido, a lo largo de la historia, una ventana a lo divino, un misterio que ha desatado mitos, cambiado batallas y, más recientemente, confirmado algunas de las teorías científicas más revolucionarias de nuestra era.

Los eclipses han ocurrido desde mucho antes de que los humanos caminaran sobre la Tierra, pero los primeros vestigios de su impacto en nuestra historia se remontan a la prehistoria. En el Monumento Megalítico de Loughcrew, en Irlanda, petroglifos en forma de espiral, tallados en la roca hace más de 5.000 años, podrían ser representaciones de un eclipse ocurrido en el 3340 a.C. La teoría se refuerza por el hallazgo de restos humanos carbonizados cerca del grabado, sugiriendo que este fenómeno celeste pudo haber sido interpretado como un presagio de muerte o transformación.

Eclipse NASA Bill Ingalls
Foto: NASA, Bill Ingalls.

En la antigua China, los escribas de la dinastía Shang registraron en huesos oraculares la frase: "El Sol ha sido devorado", atribuyendo el eclipse a un dragón celestial que intentaba engullir la luz. Para detenerlo, la gente golpeaba tambores y lanzaba flechas al cielo, en un intento de ahuyentar a la criatura y restaurar la claridad del día. Estos registros, fechados en el 1200 a.C., fueron analizados siglos después por astrónomos de la NASA para estudiar los cambios en la rotación de la Tierra, demostrando cómo los eclipses han servido como eventos místicos y como herramientas para la ciencia.

Los antiguos mayas, por su parte, poseían un conocimiento astronómico extraordinario. No solo documentaron eclipses en códices y murales, sino que llegaron a predecir con exactitud el eclipse de julio de 1991, siglos antes de que ocurriera. En el Cañón del Chaco, en Nuevo México, un petroglifo que representa un remolino con líneas irradiando desde su centro podría ser la ilustración de un eclipse solar observado en 1097 d.C., posiblemente el primero en incluir una eyección de masa coronal, un fenómeno solar documentado hoy con tecnología de la NASA.

Eclipse NASA Keegan Barber
Exposición múltiple del eclipse sobre Dallas en 2024. Foto: NASA, Keegan Barber.
Eclipse NASA
Eclipse parcial. Foto: NASA.
En 1504 Cristóbal Colón salvó a su tripulación en Jamaica, impresionando a los indígenas taínos con la predicción de un eclipse solar, “provocando que la Luna se escondiese”.

Eclipses que cambiaron la historia

La historia está llena de eclipses que influyeron en el destino de civilizaciones enteras. En el año 585 a.C., durante una batalla entre los lidios y los medos, el día se oscureció repentinamente. Ambos bandos, aterrorizados, interpretaron el fenómeno como una señal de los dioses y depusieron las armas, sellando la paz. Este eclipse, mencionado por el historiador Heródoto, es el primer evento histórico fechado con certeza astronómica.

El 24 de octubre de 2137 a.C., en China, un eclipse tomó por sorpresa a los astrónomos reales Hsi y Ho, quienes no lo predijeron a tiempo. En una sociedad donde la armonía entre el cielo y la Tierra era fundamental, su error fue considerado imperdonable y ambos fueron ejecutados.

En la América precolombina, Cristóbal Colón usó un eclipse para salvar su expedición en Jamaica en 1504. Sus marineros, hambrientos y debilitados, dependían de los alimentos de los indígenas taínos, quienes, cansados de sus exigencias, dejaron de abastecerlos. Colón, gracias a sus conocimientos astronómicos, predijo un eclipse lunar e hizo creer a los taínos que los dioses estaban enojados. Aterrado por el oscurecimiento repentino de la Luna, el pueblo indígena retomó su apoyo, permitiendo a los europeos sobrevivir.

Incluso en el ámbito religioso, los eclipses han dejado su huella. En textos cristianos se menciona que, tras la crucifixión de Jesús, la Luna "se volvió roja como la sangre", lo que podría hacer referencia a un eclipse lunar ocurrido el 3 de abril del año 33 d.C.. En el Corán, se menciona un eclipse solar antes del nacimiento del profeta Mahoma y otro en el día de la muerte de su hijo, Ibrahim.

Eclipse solar
Foto: NASA.
Eclipse solar
Foto: NASA.
La humanidad ha pasado de temer y huir de los eclipses a buscarlos con avidez y perseguirlos en peregrinación por todo el planeta

Más allá del impacto cultural y mitológico, los eclipses solares han sido clave en algunos de los descubrimientos científicos más importantes de la humanidad. En el siglo III a.C., Aristarco de Samos utilizó un eclipse lunar para calcular la distancia entre la Tierra y la Luna, logrando una cifra sorprendentemente precisa para su época.

En 1695, Edmond Halley, al comparar observaciones de eclipses antiguos con cálculos modernos, notó que la Luna parecía estar acelerándose en su órbita. Esto lo llevó a concluir que, en realidad, lo que ocurría era que la rotación de la Tierra se estaba desacelerando lentamente. Hoy sabemos que el freno es causado por la fricción de las mareas, lo que alarga el día terrestre unos 2,3 milisegundos por siglo.

Pero quizá el eclipse más famoso de la historia de la ciencia fue el del 29 de mayo de 1919. Ese día, el astrónomo británico Sir Arthur Eddington lideró una expedición para observar cómo la luz de las estrellas se curvaba al pasar cerca del Sol. Este experimento fue la primera prueba empírica de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, confirmando que la gravedad no solo afecta a los objetos físicos, sino también a la luz misma.

Eclipse lunar
Astro Tekapo, Nueva Zelanda
Vía Láctea
Contemplar la Vía Láctea.

Más recientemente, en agosto de 2017, un eclipse total cruzó Estados Unidos de costa a costa. La NASA desplegó once naves espaciales, aviones a gran altitud y telescopios en tierra para observarlo, permitiendo estudios sobre la atmósfera solar, el clima espacial y la influencia del Sol sobre la Tierra. Fue también el primer eclipse en la historia en ser seguido en tiempo real por millones de personas a través de internet y redes sociales.

A lo largo de la historia, los eclipses han sido interpretados como advertencias divinas u oportunidades para ampliar nuestra comprensión del universo. Hoy, lejos de temerlos, la humanidad los persigue con avidez, viajando a los lugares más remotos del planeta para ser testigos de un fenómeno que, a pesar de toda nuestra tecnología, sigue dejándonos sin aliento.

Ya sea en los cielos de la antigua China, en las crónicas de Heródoto o en los cálculos de Einstein, los eclipses solares nos recuerdan nuestra conexión con el cosmos. Siglos después de aquellos primeros petroglifos tallados en piedra, seguimos mirando al cielo con el mismo asombro que nuestros antepasados, maravillados por la danza celestial que, por un instante, oscurece el día y nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el universo.

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