El verdadero lujo es el esquí en helicóptero donde no se hace heliesquí, y está en Suiza
Esquiar en Suiza es el sueño de cualquier amante de la nieve. La imagen está clara: estaciones míticas como Zermatt, Verbier, Crans-Montana y St. Moritz, paisajes de postal, pistas perfectamente pisadas y un après-ski que combina alta gastronomía, lujo discreto y la calidez de una chimenea en una cabaña de madera.
Pero hay un problema... A no ser que se viaje varias veces, es prácticamente imposible esquiar en todas en un mismo viaje. Los traslados entre estaciones requieren planificación, tiempo y paciencia. Y, seamos sinceros, cuando se tiene que elegir una, siempre nos queda la espinita de no haber probado las otras.
La buena noticia es que ahora existe una solución. No, no es heliesquí. Es algo mucho mejor: un recorrido diseñado para disfrutar de lo mejor de cada estación en un solo viaje, con traslados en helicóptero y una logística perfecta que hace que lo único que se tenga que hacer sea esquiar, relajarse y disfrutar. En esta ocasión el helicóptero no deposita a los esquiadores en una solitaria y remota cima de nieve en polvo, sino en la cima de la pista de la estación, permitiendo un descenso mucho más adaptado a todos los niveles de esquí y ahorrándonos el tiempo dedicado a subir cada pista.

Esquiar sin límites, con un plan hecho a medida
Todo empieza con un concepto diferente: no se tiene que elegir una sola estación, porque se puede ir a todas. Cada mañana,un asistente personal especializado diseña un itinerario personalizado según el nivel de cada personal y las condiciones de la nieve. Desde descensos técnicos hasta pistas panorámicas donde cada giro parece sacado de una película, el recorrido se adapta a lo que uno busque en cada momento.
El día puede empezar en Crans-Montana, con sus largas pistas bañadas por el sol y vistas infinitas al valle del Ródano. Uno se lanza a la nieve, siente la velocidad, disfruta de cada giro. Al llegar abajo, un picnic montado en un enclave perfecto espera: una mesita en la nieve, rodeada de montañas, con champagne frío, quesos suizos y una selección de especialidades locales para un momento perfecto de descanso mientras se respira el aire puro de los Alpes Suizos.
Cuando uno está listo para continuar, el helicóptero nos espera. Sin colas, sin esperas, sin perder tiempo. En minutos, se está aterrizando en Verbier, para realizar un nuevo y espectacular descenso. La adrenalina se mezcla con la sensación de libertad absoluta. Porque este no es un viaje normal. Aquí no hay límites.


Helicópteros y normativas en Suiza
En Europa, la legislación sobre el uso de helicópteros en zonas de esquí varían significativamente entre países, y Suiza destaca por su flexibilidad en este aspecto. Bajo regulaciones estrictas, los helicópteros pueden aterrizar cerca de las pistas de esquí, siempre en zonas balizadas y autorizadas. Estas operaciones están permitidas en altitudes superiores a los 3.000 metros y, en algunos casos, por debajo de los 1.500 metros, dependiendo de la configuración del terreno.
Las normativas suizas buscan equilibrar la seguridad y el impacto ambiental con la experiencia del usuario. Los operadores deben cumplir con procedimientos que minimicen el ruido, protejan la fauna local y garanticen la seguridad tanto de los esquiadores como del personal técnico. Este enfoque regulado ha posicionado a Suiza como un referente para quienes buscan combinar la aventura del esquí con el lujo y la comodidad que ofrece el transporte aéreo.
Es importante señalar que, aunque estas actividades son legales, están sujetas a revisiones periódicas para garantizar que se respeten los estándares ambientales y de seguridad más estrictos lo que hace que sea una actividad muy exclusiva.

La magia de un servicio invisible
En este tipo de viaje de esquí, el auténtico lujo reside en todo lo que ocurre por detrás. Mientras uno está esquiando, un equipo traslada los equipajes por carretera para que al llegar al siguiente hotel, las maletas ya estén en la habitación como por arte de magia.
De la misma manera, no es necesario cargar con botas ni preocuparse por los esquís. Cada mañana, todo aparece limpio, listo y en el lugar perfecto como si alguien nos hubiese leído la mente. La realidad es que hay un equipo de asistencia que se encarga de que todo fluya a la perfección, para que uno tan solo tenga que disfrutar de la nieve.
Una de las partes más importantes en un viaje de esquí es el après-ski. Cada día más, las estaciones se encuentran casi al límite de su capacidad en las fechas de mayor demanda y hay que tener reservas hechas casi a diario para poder garantizar esa deseada mesa en la cabaña con mayor encanto del valle. En este caso, existe la figura de un asistente personal que a modo de concierge privado, se ocupa de organizar y reservar los planes de après-ski en cada estación Los planes van desde spas privados con vistas a la montaña, disfrutar de un cocktail de aperitivo antes de cenar en el sitio más de moda, o una cena en familia en una pequeña cabaña de madera con chimenea para disfrutar de una fondue y regresar al valle deslizándose en divertidos trineos. Algunos de estos servicios normalmente se coordinan con el cliente antes del viaje para garantizar la disponibilidad de todos ellos una vez se esté en el destino.
- Crans Montana: En el cantón de Valais, en una meseta orientada al sur, lo que ofrece vistas impresionantes hacia los Alpes. Estilo y ambiente más relajado. Es conocido por su oferta de lujo. —
- Zermatt es un pueblo sin coches, lo que aporta tranquilidad y un aire auténtico. Los desplazamientos se realizan en vehículos eléctricos o a pie. —
- St. Moritz, es la cuna de la exclusividad europea. Allí se disputa el Snow Polo y acude la alta sociedad de todo el continente. —
- Verbier ofrece terrenos muy variados, incluyendo zonas fuera de pista espectaculares como el Mont Fort. Es ideal para esquiadores avanzados y expertos.
Un viaje de esquí en Suiza, no tiene por qué ser tan solo para esquiadores. En muchas ocasiones diferentes miembros de una familia tienen diferentes niveles de esquí, o incluso alguno no esquía. Saint Moritz es especialmente atractivo por su oferta de ocio sofisticada alrededor de su lago congelado en invierno. Desde boutiques con las marcas más emblemáticas, hasta el famoso campeonato de polo sobre nieve.

Uno de los emblemas de Suiza, más allá de sus relojes y chocolates, son sin duda sus quesos, y muy especialmente la universalmente conocida fondue. Pero, ¿de dónde viene la fondue? ¿Y qué pasa con todos los diferentes quesos involucrados? Existen indicios ya en el 800a.c donde se describe una mezcla de queso de cabra u oveja con vino y harina. Y aunque no existe una fecha exacta de cuándo comenzó la tradición de la fondue tal cual la conocemos hoy en día, parece que durante el siglo XIX comenzó a hacerse popular en las regiones francesas y suizas de los Alpes. La fondue nació de la necesidad de utilizar quesos curados y panes durante los meses de invierno cuando los alimentos frescos no estaban tan disponibles.
Al combinar el queso con harina, vino y algunas hierbas sobre el fuego, los campesinos crearon lo que fue un pequeño festín que les aliviaría del frío del invierno. Con el tiempo, la fondue también fue entrando en los hogares de las clases más pudientes pero siguió siendo en gran medida una tradición local regional, hasta la década de 1930, cuando a la Swiss Cheese Union se le ocurrió realizar una campaña para nombrar a la fondue como el plato nacional de Suiza. En las décadas siguientes, la fondue tuvo un rápido crecimiento y se comenzó a internacionalizar a través de los emigrantes suizos y alemanes que llevaron la tradición de la fondue por todo el mundo.
Un viaje de esquí de lujo en todos los sentidos
Un viaje al corazón de los Alpes suizos, donde las estaciones más emblemáticas ofrecen una experiencia que va mucho más allá del esquí. La oferta de ocio y turismo en toda la zona alpina está salpicada de decenas de pequeños y pintorescos pueblecitos de postal donde además de los hoteles y cadenas más emblemáticas, existen exclusivos chalets de madera que al igual que las grandes villas en las islas más glamurosas del Mediterráneo en verano, ofrecen una experiencia sin igual.
Además, existen infinidad de planes alternativos al esquí, desde los tradicionales trineos de perros o motos de nieve hasta jacuzzis al aire libre bajo las estrellas, visitas a grandes cuevas de hielo bajo glaciares, sin olvidar la cara más gourmet de la zona disfrutando de exquisitas comidas y cenas al calor de una chimenea después de un gran día de esquí.